Karl Marx: en conmemoración del bicentenario de su nacimiento

El viernes 4 de mayo la Escuela de Economía realizó una conferencia en conmemoración del bicentenario del nacimiento de Karl Marx, uno de los autores más influyentes en el pensamiento occidental y en la historia reciente. Las obras de Marx siguen siendo debatidas y provocan grandes pasiones contradictorias. Su obra más relevante versa sobre el funcionamiento de la economía capitalista –Capital, crítica de la economía política– y se le considera el primer historiador del pensamiento económico. Sus comentarios a los textos económicos que estudiaba fueron  recopilados en los tres volúmenes de Teorías de la Plusvalía.

 

En la conferencia participó la directora de la Escuela de Historia Ana María Botey, y los profesores de economía Leonardo Garnier y Adolfo Rodríguez-Herrera. Los tres académicos de la Universidad de Costa Rica expusieron sus puntos de vista sobre la obra de Marx y su actualidad.

 

La profesora Botey concentró su exposición en el impacto que tuvieron las contribuciones de Karl Marx en la disciplina de la historia.  Según Botey, los trabajos de Marx permiten comprender el desarrollo histórico como algo mucho más complejo que una sucesión de las obras y acciones de grandes hombres. Al poner en evidencia el carácter conflictivo de los fenómenos sociales, el concepto de clase social, la relevancia de la lucha por el control sobre las condiciones materiales de la vida, el influjo de la dinámica económica y social sobre la cultura y la conciencia, Marx transformó el oficio del historiador y la comprensión de la realidad. Asimismo comentó sobre E.P. Thompson y Eric Hobsbawn, quienes son importante historiadores ingleses formados en la tradición de Marx.

 

Leonardo Garnier coincidió con Botey en que uno de los grandes aportes de Marx es su concepción de las sociedades humanas como totalidades históricamente determinadas con una lógica propia marcada por el papel, la organización y la explotación del trabajo humano. Marx desarrolló sistemáticamente el análisis de esta dinámica para las sociedades capitalistas e identificó algunas de sus tendencias más características: la creciente productividad del trabajo, la concentración del capital, la absorción de todos los espacios y las relaciones sociales dentro de la lógica mercantil y capitalista, las crisis, el empobrecimiento de las clases trabajadoras y la desigualdad; y también, algo vital, la tendencia a ocultar tras la apariencia mercantil las mismas relaciones de poder que dan sustento a la acumulación capitalista. También señaló que Marx identificó la lucha de clases y la revolución de las clases trabajadoras como la principal fuerza que acabaría con el capitalismo, lo cual daría lugar a una sociedad socialista que sería más dinámica y libre.

 

Los aportes de Marx fueron pervertidos, asegura Garnier, tanto en términos intelectuales como políticos. Las sociedades que surgieron de la revolución socialista fueron totalitarias y brutales, y la ciencia política marxista fue transformada en una pobre teleología que justificaba mecánicamente todo lo que hiciera “la dirección” del movimiento. Así, el socialismo realmente existente fue una parodia de lo que Marx previó: ni tan dinámico ni tan libre como el capitalismo al que pretendía superar. El fracaso de esas revoluciones y el hecho de que el capitalismo sigue caracterizado, incluso más intensamente que en tiempos de Marx, por las tendencias que él identificó, hace que hoy tenga todo el sentido una recuperación de lo que el filósofo Roberto Murillo llamó ”el Marx ilustrado y democrático”.

 

Por otra parte, el profesor Adolfo Rodríguez Herrera se preguntó por qué Marx, a dos siglos de su nacimiento, sigue despertando grandes pasiones y cómo sus ideas son parte del clima de opinión. Coincidió con el profesor Garnier en que las revoluciones socialistas fracasaron si se las juzga como la realización de lo que Marx soñaba, pero añadió que las sociedades capitalistas también han fracasado, por las razones señaladas por Marx: el progreso que genera el capitalismo no libera al ser humano del trabajo y de la necesidad, sino que multiplica sus necesidades y reduce el sentido de la vida al trabajo y al consumo. Marx propone un desarrollo que no se base en la ilimitada producción de objetos sino en la prioridad absoluta del tiempo libre: no tiempo de trabajo, ni tiempo de consumo, ni tiempo de ocio, sino tiempo auténticamente liberado, al servicio de la creatividad y el desarrollo del propio ser y de la comunidad. Solo así puede evitarse que la humanidad sucumba. Terminó su exposición recordando la gran consigna política de la Asociación Internacional de los Trabajadores, fundada en 1867 por Marx, y que a su juicio sigue siendo de los aportes más sugerentes de Marx: “¡Uníos! Uníos para evitar que el predominio perverso del objeto y del lucro haga que la humanidad collapse”.